domingo, 22 de junio de 2014

IMPOSICION DE MANOS

Desde tiempos remotos existen noticias y testimonios que nos hablan del poder de sanación de las manos. Cuando nos damos un golpe, lo primero que hacemos, el primer gesto y el más instintivo, es llevarnos una mano a la zona dolorida. Cuando un niño pequeño se cae o se golpea, amorosamente le podemos una mano sobre el lugar afectado y le consolamos. Es un hecho más que constatado que, cuando una persona impone amorosamente sus manos sobre la zona dolorida de un enfermo, consigue irradiar un poder desconocido que hace que, al menos, se mitigue su dolor. El Nuevo Testamento nos ha transmitido muchas noticias que nos hablan de la capacidad de sanación de Jesucristo, poder que materializaba imponiendo sus manos a los enfermos. Esos mismos textos nos hablan, igualmente, de cómo gracias a la imposición de manos, los primeros cristianos recibían el conocimiento y la fuerza del Espíritu Santo. Así pues, no es aventurado afirmar que la imposición de manos es uno de los métodos de curación y sanación más antiguos, conocidos y populares. En el antiguo Egipto ya hallamos pruebas de su existencia, como en el papiro Ebers, datado hacia el 1552 a.C., donde se describe a esta técnica como un tratamiento médico utilizado en aquellos tiempos. La imposición de manos es la manera más común de recibir el don divino de la sanación; también es parte fundamental de la denominada sanación o curación espiritual. Fue, como ya he indicado, uno de los métodos para curar que Jesús y posteriormente los apóstoles y sus discípulos, utilizaron. Más adelante, en el Cristianismo se convirtió en una práctica común, así como el predicar, el administrar los sacramentos o impartir la bendición con el agua bendita y/o con el aceite (óleo) consagrado. Intentar aliviar una dolencia o contribuir a sanar una enfermedad por medio de la imposición de manos no es algo complicado. Más allá del deseo de curar, basta con colocar las manos a unos 10 centímetros del lugar en el que se desea influir y durante un tiempo no mayor a los diez minutos. Aún si las manos se colocan sobre la cabeza, estando el dolor localizado en otra zona, se logrará igualmente un efecto sanador, ya que esta energía, que parece emanar de nuestras manos o de nuestro organismo, es capaz de dirigirse por sí misma hacia la zona necesitada de alivio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario